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martes, 7 de febrero de 2012

La normalidad


Es lo que parece respirarse estos días, quizás a cuenta del frio que hace que no deja ganas ni de discutir. El gobierno sigue amagando pero sin dar y consiguiendo que sus ministros sigan siendo unos desconocidos para el gran público, lo que para mi gusto, no está mal. Lo mismo que no necesito ver la cara del ingeniero que ha hecho un puente, ya que lo que me interesa es que el puente funcione y no se caiga, no tengo el menor interés en conocerles las caras a los ministros. Para reafirmar esta idea, la tradición me dice que cuando te acuerdas de las caras de estos, o de los árbitros de futbol, es porque lo han hecho fatal, los buenos pasan desapercibidos, así que a ver si estos lo consiguen.
Los que ahora son los Otros, siguen a lo suyo, a navajearse entre sí y a ajustarse las cuentas unos a otras. El único detalle pintoresco ha sido el buscar otra Soraya para contraponerla a la Niña de Hierro de don Mariano. Ya veremos cómo termina esto y cuan dura o blandita es la nueva.
Tras la mala noticias del castigo a Contador, ayer se dio otra pésima, la muerte del señor Tapies. Ha sido un artista honrado que puede que haya a quien no guste, pero que siempre ha hecho lo que él creía que tenía que hacer y eso no es tan corriente. Ha sido además, poco mediático, lo que en estos tiempos, es también rara avis. Por eso, descase en paz don Antonio.
Se ha producido una sentencia de esas que sí que nos van a influir en el día a día. El TC ha puesto coto al uso de las cámaras ocultas, sentando jurisprudencia sobre el tema. Esto va a hacer que las teles sean algo diferentes y dejen de poner algunas cosas que no interesan más que a los horteras, pero siempre que se hace una legislación así, tan restrictiva, es complicado ajustar la medida.
Poner una cámara oculta a una peluquera para ver si está titulada por la Complutense o si es guerrillera de los rizos, me parece que es pasarse, especialmente si lo que se consigue es demostrar que la presunta estilista, tiene como mayor defecto una incultura manifiesta, cosa de lamentar pero que no es como para ponerla en la picota (si empapelaran a todos los borricos que salen en la tele, faltaría papel para ello).
Ahora bien, si con el uso de una cámara oculta, se puede descubrir a algún delincuente o destapar alguna de esas cosas que, a veces, incluso la policía no ha podido o querido destapar, no me parece que sea malo. La presión mediática bien empleada puede ser un acicate para determinadas situaciones, así que la prohibición total y sin matizaciones que ha hecho el TS, puede ser otra cobertura más para delincuentes que se van a escudar en esta norma.
Para aclararme. No me hace ni puñetera falta que le pongan cámaras a los jesulines para saber si comen pollo como Andreíta, o si están a régimen de caviar, pero sí me gustaría que, por ejemplo, alguien le pusiera una cámara a aquel concejal que desapareció de Marbella hace varios años y a quien nadie parece querer o poder encontrar.
Dejo esto, sin olvidarme de la Maldivas. Por cuestiones familiares procuro estar al tanto de cómo van las cosas por esos andurriales y me ha impresionado que haya habido allí un golpe de estado dado por… la policía. En esos lugares, da igual, policías, bomberos, o repartidores de frutas, todos valen para dar golpes de estado. Preocupante (para mí).
Hasta mañana.
Pepeprado

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